José Ortega y Gasset (Madrid, 1883 - 1955) fue el filósofo y ensayista español más influyente del siglo XX. Tras formarse en Alemania, regresó a España con el firme propósito de modernizar y "europeizar" el país. En 1910 obtuvo la Cátedra de Metafísica en Madrid, convirtiéndose en el gran faro intelectual del Novecentismo y la Generación del 14.
Su pensamiento se articuló en torno a dos conceptos revolucionarios: el perspectivismo (la verdad absoluta no existe de forma aislada, sino que se compone de la suma de múltiples puntos de vista válidos) y la razón vital o raciovitalismo (la vida misma es la realidad radical y el filtro fundamental para entender el mundo). Además, ejerció una colosal labor de difusión cultural al fundar en 1923 la célebre Revista de Occidente.
Políticamente, participó activamente en la proclamación de la Segunda República Española en 1931 y fue elegido diputado, aunque pronto se apartó de la vida pública desencantado por la radicalización del ambiente. El estallido de la Guerra Civil en 1936 lo forzó a un amargo exilio por Europa y América. Regresó a España en 1945, donde el régimen franquista le impidió volver a la universidad, por lo que continuó enseñando de forma independiente en su propio Instituto de Humanidades hasta su fallecimiento en Madrid en 1955.
Su producción literaria destaca por una inmensa calidad expresiva, bajo la premisa de que "la claridad es la cortesía del filósofo". Entre sus obras fundamentales destacan:
Meditaciones del Quijote (1914): Donde acuña su tesis central: “Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo”.
España invertebrada (1921): Un severo diagnóstico sobre la desarticulación política y social de la nación.
El tema de nuestro tiempo (1923): El libro donde expone el desarrollo de su teoría de la razón vital.
La rebelión de las masas (1929): Su obra cumbre internacional, donde advierte sobre la llegada del "hombre-masa", el conformismo social y el peligro inminente de los totalitarismos europeos.
¿Qué es filosofía? (curso en 1929, publicado en 1957): Una obra fundamental que nace de las lecciones universitarias que impartió tras dimitir de su cátedra en protesta contra la dictadura de Primo de Rivera. En ella define la filosofía como un "conocimiento del Universo" que surge de una necesidad vital humana, y consolida la idea de que vivir es encontrarse en el mundo y decidir qué hacer a cada momento.
Historia como sistema (1941): Ensayo escrito en el exilio donde evoluciona hacia la razón histórica, afirmando que el ser humano no tiene una naturaleza fija, sino que es constitutivamente su propia historia.
2. El problema antropológico y metafísico.
2.1. La vida, realidad radical.
Para José Ortega y Gasset, la vida no es un concepto puramente biológico ni una abstracción mística, sino la realidad radical. Esto significa que la vida es la realidad primordial y el escenario donde se apoyan y cobran sentido todas las demás realidades, como la ciencia, la política, el arte o la propia filosofía. Nada puede existir para el ser humano si no se da primero dentro de su propia experiencia viviente.
Al definir la vida de esta manera, Ortega rompe con los dos grandes modelos filosóficos de su época: el racionalismo y el vitalismo irracional. Por un lado, critica al racionalismo tradicional porque consideraba la razón como algo puro, frío y abstracto, completamente alejado de la experiencia humana real. Por otro lado, rechaza el vitalismo extremista que exaltaba los impulsos biológicos y los sentimientos mientras despreciaba el intelecto. Como alternativa, Ortega propone el raciovitalismo y la razón vital, argumentando que la razón no es algo ajeno a nosotros, sino una función puramente humana y un instrumento que está al servicio de la vida. Pensamos porque lo necesitamos para sobrevivir, orientarnos y resolver los problemas cotidianos.
Para comprender la vida como realidad radical, Ortega describe una serie de atributos fundamentales que la componen. El primero es que vivir es encontrarse en el mundo, lo que implica que el individuo no es un ser aislado, sino que coexiste de forma inmediata con su entorno. A esto se suma que la vida es, al mismo tiempo, fatalidad y libertad. Nos viene dada sin que lo hayamos pedido y en una circunstancia fija que no elegimos, pero dentro de ese escenario estamos obligados a decidir constantemente qué hacer con ella. La circunstancia es el mundo en el que nos hallamos, y que adquiere significado por el sujeto que se sitúa en ella. Así, por sí misma no es nada; es la vida humana la que le da sentido.
El mundo no es una realidad determinada de forma absoluta, sino que se nos presenta como perspectiva; es decir, desde puntos de vista diferentes. El mundo es una pluralidad de perspectivas de lo real. Cada perspectiva está relacionada con una circunstancia en la que se sitúa un sujeto.
Para José Ortega y Gasset, la verdad total y absoluta se alcanza mediante la suma de todas las perspectivas individuales y vitales.
Otro atributo esencial es el proyecto. A diferencia de las cosas materiales que ya están completamente terminadas, el ser humano es un proyecto abierto; vivimos mirando al futuro y lo que decidimos hoy depende de lo que deseamos llegar a ser mañana. Finalmente, Ortega nos recuerda que la vida es intransferible, lo que significa que nadie puede pensar, sufrir ni tomar decisiones en nuestro lugar, obligando a cada individuo a asumir la responsabilidad total de su propia existencia.
En resumen, lo que da sentido a lo real es la vida humana; de ahí que mi vida sea la realidad radical, que se define con la famosa afirmación de Ortega: "Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo".
2.2. Razón vital e histórica.
Para José Ortega y Gasset, la razón vital y la razón histórica no son dos teorías separadas, sino la evolución natural de un mismo pensamiento. Ambas surgen para superar las limitaciones de la razón matemática y física tradicional, la cual servía para explicar la naturaleza inanimada pero fracasaba por completo al intentar comprender los asuntos humanos.
La razón vital es el punto de partida. Ortega defiende que el ser humano no posee una razón pura y abstracta, sino una razón que está arraigada a la vida. Pensamos porque nos encontramos perdidos en el mundo y necesitamos el intelecto como una herramienta de supervivencia para orientarnos y resolver problemas prácticos. Por lo tanto, la razón es solo una función más de la vida, y su objetivo principal es ayudarnos a navegar en nuestra circunstancia inmediata. Vivir es decidir continuamente qué vamos a hacer en el momento siguiente, y para esa toma de decisiones necesitamos la razón vital.
Sin embargo, Ortega se da cuenta de que la vida humana no ocurre en el vacío, sino en el tiempo. El ser humano no tiene una naturaleza fija e inmutable como las piedras o los animales; lo que el ser humano tiene, en cambio, es historia. Aquí es donde la razón vital se convierte necesariamente en razón histórica. Para comprender a un individuo o a una sociedad actual, no basta con analizar su presente, sino que es obligatorio descubrir el camino que los ha llevado hasta ahí. El pasado no es algo que ya no existe, sino que está vivo en el presente en forma de experiencia acumulada, prejuicios, instituciones y creencias.
La razón histórica es, por lo tanto, el instrumento definitivo para entender al ser humano. Consiste en comprender las acciones de los hombres descubriendo el drama, los proyectos y las decisiones previas que las originaron. Mientras que las ciencias naturales explican las cosas buscando sus causas físicas, la filosofía de Ortega busca comprender la vida humana reconstruyendo su historia. Al final, el ser humano es un proyecto que se va haciendo a lo largo del tiempo, y solo a través de la razón histórica podemos dar sentido a lo que somos hoy.
Actividad 1: Visualiza el siguiente resumen del pensamiento de Ortega y Gasset:
3. María Zambrano: Razón poética.
María Zambrano Alarcón (Vélez-Málaga, Málaga, 22 de abril de 1904-Madrid, 6 de febrero de 1991) fue una filósofa, intelectual y ensayistaespañola.Su extensa obra, entre el compromiso cívico y el pensamiento poético, no fue reconocida en España hasta el último cuarto del siglo XX, tras un largo exilio. Ya anciana, recibió los dos máximos galardones literarios concedidos en España: el Premio Príncipe de Asturias en 1981 y el Premio Cervantes en 1988, siendo la primera mujer en recibirlo.
La relación de María Zambrano con José Ortega y Gasset fue la de una discípula brillante que transformó radicalmente el legado de su maestro. Zambrano fue una de las alumnas más destacadas de la Escuela de Madrid, liderada por Ortega, de quien heredó la necesidad de superar el racionalismo idealista europeo.
La razón poética es el método filosófico creado por la pensadora española María Zambrano en 1939. Nace como una crítica a la racionalidad occidental, la cual consideraba demasiado rígida, fría y abstracta. A ojos de la autora, el racionalismo tradicional terminó por despojar a la vida de su misterio, sus emociones y su temporalidad.
Para solucionar esta crisis, Zambrano propone una reconciliación definitiva entre la filosofía y la poesía. No busca eliminar el pensamiento lógico, sino transformarlo en una razón que no domine ni posea las cosas, sino que las comprenda desde la sensibilidad. Es un método que propone "pensar desde las entrañas" para dar voz a todo aquello que la lógica ignora: los sueños, el sufrimiento, el tiempo y lo sagrado.
En lugar de usar silogismos o conceptos cerrados, la razón poética avanza mediante metáforas y símbolos (como la aurora o los claros del bosque). Es un saber integrador que une la claridad del pensamiento con la fluidez de la vida, invitando a una actitud de escucha, lentitud y contemplación profunda ante la realidad.
Bibliografía: • Adelina Sarrión: Textos de Filosofía. Madrid: Anaya. 2017.
Arendt (Linden-Limmer, 14 de octubre de 1906 - Nueva York, 4 de diciembre de 1975) fue una escritora y teórica política alemana, posteriormente nacionalizada estadounidense, de religión judía, discípula de Heidegger y Jaspers. Es una de las filósofas más influyentes del siglo XX por sus contribuciones en el campo de la filosofía política.
La privación de derechos y persecución en Alemania de judíos a partir de 1933, así como su breve encarcelamiento ese mismo año, contribuyeron a que decidiera emigrar. El régimen nacionalsocialista le retiró la nacionalidad en 1937, por lo que fue apátrida, hasta que consiguió la nacionalidad estadounidense en 1951. En 1961 siguió, como corresponsal de la revista estadounidense The New Yorker, el juiciocontra Adolf Eichmann, teniente coronel de las SS nazis
y principal responsable de las deportaciones masivas que acabaron con
la vida de más de 6 millones de judíos y provocaron 15 millones de víctimas si sumamos los que sobrevivieron pero sufrieron el infierno de los campos de exterminio.
Fue profesora de las Universidades de Berkeley, Princeton, Columbia y Chicago, y directora de investigaciones de la Conference on Jewish Relations entre 1944 y 1946. Trabajó, entre otras cosas, como periodista y maestra de escuela superior. Publicó obras importantes sobre filosofía política, como por ejemplo, Los orígenes del totalitarismo, publicado en 1951 en los Estados Unidos. Esta obra fue considerada como una brillante crítica a los regímenes políticos totalitarios y en la que Arendt defendía la democracia representativa por medio del concepto de "pluralismo" político, que posibilitara la libertad y la igualdad política entre las personas.
Las obras más destacadas de esta pensadora son: Los orígenes del totalitarismo (1951), La condición humana (1958), Eichmann en Jerusalén: un estudio sobre la banalidad del mal (1963).
2. EL PROBLEMA DEL SER HUMANO.
Para Hannah Arendt el ser humano desarrolla dos actividades fundamentales: la actividad teórica o contemplativa (vita contemplativa) y la actividad práctica (vita activa). La actividad teórica o contemplativa estaría relacionada con la actividad intelectual pura y que, generalmente, ha producido la filosofía. Sin embargo, Arendt está más interesada en la actividad práctica, con la que construimos una sociedad libre y justa.
Así pues, Arendt cree que la actividad práctica tiene tres dimensiones fundamentales:
a) Labor: Todo aquello que permite mantenernos con vida y ligada a la necesidad de mantenernos vivos, como por ejemplo comer.
b) Trabajo:
Actividades por las que el ser humano se distingue de la naturaleza y
dan como resultado obras permanentes, como por ejemplo las casas. El trabajo nos permite independizarnos de las necesidades naturales y crear un mundo artificial característicamente humano.
c) Acción:
Son las actividades más elevadas de la condición humana, las más
racionales y libres. Nos proporciona una identidad y una forma de estar
en el mundo que compartimos con otros. La acción se corresponde con la
condición humana de la pluralidad. La política, la vida en común, es lo
más propiamente humano de la condición humana. Somos seres de acción y
mediante las acciones nos mostramos al mundo. Y nuestras acciones tienen
unas repercusiones en el mundo que compartimos con otros. Dado que las
acciones tienen consecuencias, debemos ser responsables de ellas. Este
es el precio de la libertad. Por todo ello, la acción es la actividad humana más importante.
3. EL PROBLEMA POLÍTICO Y ÉTICO: Análisis del totalitarismo.
El totalitarismo es un doctrina política en la que se defiende el absolutismo estatal y su poder total y absoluto sobre cualquier aspecto de la vida y de las libertades ciudadanas. El sistema opuesto al totalitarismo es la democracia, cuyos principios característicos son la soberanía popular y la división de poderes.
El trabajo de Arendt sobre el totalitarismo le lleva a analizar ejemplos totalitarios como el nacionalsocialismo y el régimen comunista soviético, configuraciones políticas que surgen en el primer tercio del siglo XX y que carecen de antecedentes históricos. Ambos se presentan como movimientos de masas que explotan la frustración y el resentimiento de quienes se sienten aislados y marginados de la sociedad. El movimiento totalitario ofrece a estas personas dominadas por el miedo un sentido de pertenencia y un lugar en el mundo, a cambio de una obediencia ciega y lealtad incuestionable a su líder.
Para extender su dominación, los movimientos totalitarios hacen uso de la propaganda y del terror. Las afirmaciones propagandísticas, repetidas una y otra vez, se presentan como verdades indudables, aunque en realidad proclamen ideas absurdas.
En Los orígenes del totalitarismo, su primer libro sobre filosofía
política, en el que analiza el racismo, el imperialismo y el
antisemitismo, igualando a nazis y a estalinistas, Arendt analiza su filosofía política. Los nazis basan su ideología en la doctrina de la supremacía racial, mientras que el estalinismo se apoyó en una interpretación rígida e inflexible de la doctrina marxista, sin comprender que El Capital es un texto que tiene su aplicación en Inglaterra (y no en Rusia). Todos estos temas no pueden ser discutido ni cuestionados, porque sirven de base para establecer su organización social, controlada por la policía y en las que los derechos humanos no tienen ningún valor.
Según señala Arendt, «los movimientos
totalitarios son organizaciones masivas de individuos atomizados y
aislados». Estos movimientos totalitarios han generado un nuevo tipo de ser humano: el individuo aislado, fácilmente manipulable y que conforma las masas, desposeída de sus derechos y aislado de la comunidad política a la que pertenecía. Por ello, el hombre-masa se caracteriza por su falta de relaciones
sociales y su aislamiento; el fanatismo y la devoción al líder son
formas de intentar huir de ese sentimiento de soledad. La persecución de los enemigos del régimen alimenta un sistema represivo en el que toda la población vive bajo amenaza del terror. El control por parte del Estado en todas las esferas, incluido el ámbito privado, crea un ambiente de inseguridad y desconfianza permanente. Además, hacen uso de los campos de concentración para fomentar el terror entre la población.
Debe establecerse, además, según la filósofa, una distinción entre el mal radical y el mal banal. El mal radical del ser humano es aquel mal que se da cuando uno es consciente de que sus
acciones dañarán a los demás, a pesar de haber pensado y deliberado
sobre ello previamente, y no le importa. Un mal que no es punible, ni perdonable, ya que se escapa a los parámetros que empleamos habitualmente para ello. Frente a ello, el mal banal se da cuando la persona no reflexiona sobre el acto a realizar ni sus consecuencias. Ocurre cuando el mal se deja de pensar como una acción valorable moralmente y se considera un acto cotidiano, normalizado, sobre el que el sujeto se niega a reflexionar huyendo de la contradicción. Para Arendt, el paradigma de esta banalidad del mal es Adolf Eichmann, alto cargo de la SS nazi y partícipe de la solución final, que solo juzga sus actos desde la eficacia productiva y no moralmente.
El totalitarismo no busca la dominación de los
hombres, sino que estos sean superfluos, pues no puede soportar su
imprevisibilidad, su creatividad, su espontaneidad. El totalitarismo es una ideología que
quiere, mediante el terror, eliminar la pluralidad y por ello promueve
el aislamiento y la soledad: la destrucción de la esfera política de la
vida humana y la desaparición de la vida privada. En definitiva, lograr el poder total e ilimitado, transformando a los seres humanos para que abandonen por completo su capacidad de pensar, su aspiración de libertad y su sentimiento de solidaridad con los demás.
Por tanto, su análisis del totalitarismo conduce a la
necesidad de una reflexión política que restaure la idea de poder como
diferente de la violencia. Para ella, el fenómeno fundamental del poder
es la formación de una voluntad común orientada al entendimiento. Es
decir, el poder no es ejercer violencia, sino que se deriva de la
capacidad humana de actuar en común. Una democracia pide un espacio
político en el que el poder no sea violencia, sino acción concertada. El
poder es, así, la coacción no coactiva gracias a la cual se imponen las
ideas reguladas por un elemento institucional reconocido. Por tanto,
hay que restablecer un espacio público que asegure la relación adecuada
entre lo privado y lo público, garantice la igualdad política de todos,
así como los derechos civiles, los derechos de las minorías y de los
refugiados, y el derecho a disentir. Para ello tendrá que favorecer los
debates, la asociación de los ciudadanos y toda forma de acción en
común. En definitiva, Arendt defiende un valor
esencial en el ser humano: la vida activa.
Actividad 1: Visualiza el siguiente resumen del pensamiento de Arendt:
Actividad 2: ¿Podría ser que Eichmann y su millón de cómplices en el Holocausto solo estuvieran siguiendo órdenes? ¿Podríamos llamarlos a todos cómplices? Lee el siguiente experimento de Milgramque prueba la disposición de un participante para obedecer las órdenes de una autoridad aun cuando estas pudieran entrar en conflicto con su conciencia personal.
Bibliografía:
- Arendt, H.: Los orígenes del totalitarismo. Alianza editorial.
El Renacimiento es una movimiento cultural y social que se desarrolló durante los siglos XV y XVI. Se fundamenta en una defensa de la dignidad humana, la recuperación de ideales de la cultura grecolatina y abogar por la libertad de pensamiento.
Por su parte, el humanismofue la corriente filosófica y de pensamiento del Renacimiento. Puso al ser humano en el centro (antropocentrismo), impulsó el uso de la razón y recuperó el estudio de los clásicos grecorromanos (letras, historia, filosofía).
1.1. Rasgos del Renacimiento.
Se reivindica el pensamiento filosófico grecolatino y pensadores griegos y latinos como Eurípides, Sófocles o Virgilio. Se quedan atrás los debates en torno a la fe y la razón, y se pone en valor las aportaciones de los autores clásicos. Este es el esfuerzo de difusión de pensadores renacentistas como Erasmo de Róterdam, Tomás Moro o Juan Luis Vives, que se ocupan de cuestiones humanas, tales como políticas y ciencias sociales. En las artes plásticas se encuentran figuras tan destacadas como Leonardo da Vinci.
Hombre de Vitruvio o Estudio de las proporciones ideales del cuerpo humano, Leonardo da Vinci, 1490.
Dos son los aspectos fundamentales en este periodo de la Historia:
- El ser humano deja atrás la dimensión trascendente que había sido el denominador común en la Edad Media, para pasar a tener una visión más mundana.
- La naturaleza retoma un puesto fundamental en el estudio humano. El ser humano adopta una visión antropocéntrica del mundo y busca una nueva ciencia que explique los fenómenos naturales por medio de la experimentación y la matematización.
1.2. El problema político en Nicolás Maquiavelo.
Maquiavelo fue pensador y político italiano de los siglos XV y XVI, padre de la Ciencia política moderna. En sus conocidas obras El príncipe y Discursos sobre la primera década de Tito Livio elabora una teoría sobre el gobernante y el buen gobierno, haciendo un elogio a la república romana y a la participación ciudadana.
Maquiavelo fue un excelente analista político de su época y fue consejero de los dirigentes de su época con la intención de que estos conservaran y aumentaran su poder frente a los súbditos.
Para Maquiavelo, el fin justifica los medios, siempre que ese fin sea la consecución, el mantenimiento o el aumento del poder político. Esta teoría es denominada realismo político. Se muestra, de manera evidente, una indiferencia hacia la moral, ya que para Maquiavelo la política posee una esfera humana autónoma, que tiene sus propias reglas y sus normas. La moral, por tanto, se separa de la política, ya que el fin de la política no es ayudar a los individuos a lograr la felicidad en comunidad, sino el enseñar al gobernante a conseguir y conservar el poder, sin reparar en los medios.
Florencia (Italia)
Todas estas tesis de Maquiavelo descansan en una concepción pesimista del ser humano, que lo considera un ser egoísta, violento y ambicioso por naturaleza. Por ello, precisan de un gobernante fuerte y despótico que los controle mediante las leyes políticas. Las leyes, precisamente, son las que crean la moral, esto es, los individuos se comportan de manera adecuada cuando se les obliga a ello, bien sea por miedo al castigo o por medio de la violencia.
1.3. La revolución científica.
A partir del siglo XVI y XVII, la ciencia se independizó de la filosofía mediante el desarrollo de nuevos métodos durante un periodo que se conoce como Revolución científica. Algunos de los protagonistas de esta Revolución fueron Copérnico, Galileo o Newton.
Galileo Galilei
1.3.1. Características del saber científico.
Galileo
(astrónomo, físico, matemático y filósofo italiano de los siglos XVI y
XVII) es considerado el primer científico moderno ya que inaugura una
nueva manera de hacer y entender la ciencia. Entre sus logros debemos
destacar la mejora del telescopio. Sus observaciones de la Luna le llevaron a afirmar que este astro no era una esfera traslúcida y perfecta como afirmaba Aristóteles; sino que presentaba terreno montañoso que, por consiguiente, invalidaba la teoría aristotélica.
Como
vemos, Galileo se interesó por los mismos problemas que los pensadores
precedentes (por ejemplo, la investigación del universo), pero lo hizo
de una manera radicalmente diferente y revolucionaria. Esta forma de
proceder, diferente a otros saberes como la filosofía, puede resumirse
en dos características:
a) Experimentación:
Debido a la dificultad para contrastar una hipótesis (suposición
hecha a partir de unos datos que sirve de base para iniciar una
investigación) en la vida cotidiana (por ejemplo, observar la caída de los graves) es necesario crear una situación ideal
(experimento) sin elementos perturbadores (por ejemplo, el rozamiento
con el aire) y que permita estudiar el fenómeno y analizar únicamente
las variables decisivas.
Del
mismo modo, Galileo fue el primero en introducir instrumentos para
realizar sus estudios, como por ejemplo, el telescopio o el termómetro.
b) Matematización:
La
naturaleza, según Galileo, atiende a regularidades expresables mediante
funciones matemáticas. En efecto, la matematización será una pieza
principal de la nueva ciencia. La cuantificación y una mayor precisión a
la hora de llevar a cabo observaciones, permitió liberarse de la
subjetividad y la ambigüedad propias del lenguaje cotidiano.
1.4. Nicolás Copérnico.
Copérnico, matemático y astrónomo polaco-prusiano de los siglos XV y XVI, presenta la teoría heliocéntrica sobre el movimiento orbital de los planetas y las estrellas en su obra Sobre las revoluciones de las orbes celestes. Copérnico rechazó el geocentrismo en base a estas ideas: El Sol se sitúa en el centro del universo y permanece inmóvil; los planetas y el resto de cuerpos celestes giran alrededor del Sol; la Tierra tiene un movimiento de rotación sobre el eje; los movimientos de los cuerpos celestes son uniformes, eternos y circulares; y, por último, las estrellas se encuentran estáticas y estables.
La teoría heliocéntrica superó la cosmovisión aristotélica con diferentes matices añadidos durante casi veinte siglos por diversos astrónomos, como por ejemplo, el astrónomo griego Ptolomeo, sin perder la esencia del geocentrismo.
La Filosofía arrastra una larga reputación de saber arduo e impenetrable. Esta baraja pretende, por el contrario, iniciarnos en su dimensión más luminosa y divertida, la más esencial. Sócrates ya nos advirtió que “una vida sin reflexión no merece la pena ser vivida”. Pensar es entonces un deber. Pero esta perspectiva no debe hacernos olvidar que es también un placer, el placer de ser y sabernos humanos.
El juego plantea una competición entre puntuaciones de filósofos en 5 ámbitos: Ser Supremo, Razón, Placer, Crítica y Voluntad. La “disputa” se lleva a cabo de acuerdo con el paradigma que, en ese momento, esté sobre el tapete. Si, por ejemplo, es el de la Modernidad, la puntuación que cuenta es la de Ser Supremo, Razón y Crítica (se llevará las cartas el filósofo que, en esos apartados, tenga la mayor puntuación). Si rige el paradigma de la Edad Media, el valor que ha de considerarse es exclusivamente el del Ser Supremo. Etcétera.
Por otro lado, hay Cartas de acción que plantean relevantes interacciones entre los jugadores al hilo de diversas teorías filosóficas. Y Desafíos que obligan a los participantes a razonar acerca de temas como los derechos de la mujer, el sentido de la vida, la fe, el dinero, la guerra o el colonianismo.
En definitiva, un juego que te introduce, de manera grácil, en las más profundas concepciones del pensamiento filosófico.